13 de enero de 2014

20. El primer viaje a la sucursal del cielo



Semana Santa de 1991. De manera muy lenta habían pasado los últimos días, pero finalmente el sueño de tenerlo en mi territorio se había cumplido. De esta manera ya mi cabeza no tendría pretexto para pensar que esa historia era solo un sueño de verano. Ya podía demostrarles a todos que mi príncipe azul era de carne y hueso. Que mis cuentos sobre el tan mencionado romance no eran inventados. 

Mi familia materna,  la que no compartíamos (y que tenía muy poca relación con la paterna),  nunca vio reparo en esa relación (al menos nunca manifestaron nada). Tal vez porque para ellos, mis primos hermanos... realmente cercanos estaban aquí, habían crecido conmigo y eran mucho mayores o menores. Para ellos, especialmente para mis tres mamás (mi madre, mi abuela y mi tía), como para mis otros primos y tíos caleños, Kbto era un desconocido que me tenía totalmente ilusionada; por eso querían conocerlo.

Llegó en un bus de Expreso Palmira, pues le pedí que el paseo fuera vallecaucano desde principio a fin. Todavía guardamos ese primer tiquete. Lo esperé en la Terminal de Transportes con el corazón en la mano.

Ya son muy lejanos esos recuerdos y vienen a mi cabeza de manera desordenada. Recuerdo con claridad, simplemente, que la  palabra FELICIDAD se hacía íntegra en mi. 

La agenda, especialmente esta vez, estuvo bastante agitada. Durante la primer noche para su bienvenida a Cali mi hermana Isabel y su novio nos invitaron a dar un recorrido nocturno por la ciudad. A ese paseo nos acompañó mi prima Esther Julia, quien había crecido a mi lado como mi hermana menor. 

Fuimos también a un paseo familiar al río Pance; visitamos a mis compañeras... a quienes por fin conocía. Fuimos dos veces a cine; desde entonces y hasta ahora, es nuestro plan perfecto.

La actividad central fue sin duda el viaje al Lago Calima. Fuimos con mis amigas gemelas Ángela y Claudia, en ese momento mis confidentes totales. Recorrer cada rincón del Centro Vacacional donde varias veces estuve añorándolo en medio de fogatas, fiestas y nuevos amigos, me hacía sentir que definitivamente mi sueño era indestructible, hasta que llegó la primera noche en ese lugar. 

Horas antes habíamos estado en una actividad recreativa integrados con varios huéspedes del lugar. El plan no salió del todo perfecto: tal vez el hecho que por primera vez que me viera tan involucrada con otras personas diferentes a nuestra familia (especialmente con los recreadores que había conocido en mis paseos anteriores); que salieran de mi boca tantos comentarios desparpajados sobre mi nueva vida universitaria y social; o simplemente que le haya embargado el mismo miedo que solía yo tener en los años pasados cuando pensar en que tanta belleza podía quebrarse en cualquier momento... hizo que al finalizar el día estuviera relegado y distraído. 

Cuando nos dirigíamos a la carpa familiar, a dormir en el mismo espacio con mis amigas, lo cuestioné con mucha ternura y temor. Logré finalmente que me dijera con sus ojos llenos de nostalgia e incertidumbre... que estaba asustado por todo lo que sentía y que para no interrumpir con lo que podían ser mis días y sueños de juventud, estaba pensando que era mejor dejarme libre, no seguir con este cuento.

Sentí rabia por la insinuación, alegría porque podía evidenciar que realmente era importante para él, preocupación por no encontrar una salida. Al final, con un fondo hermoso de luna llena, lloramos, hablamos y nos prometimos nuevamente no temerle a la distancia.

Nunca habíamos estado tanto tiempo solos. Nunca tan cercanos de verdad. Dormir cerca de él, amanecer a su lado, desayunar, almorzar, cenar, reir, caminar...  todo el día juntos, me hizo sentir que esta relación avanzaba con paso firme. 

Durante esa semana también pude celebrar su cumpleaños número 21. Mi familia y amigas me sirvieron como cómplices para organizarle una pequeña reunión sorpresa. Se emocionó bastante, pues en ese momento sintió que era realmente bienvenido a mi mundo.

Pronto, los días de vacaciones se volvieron a terminar. La historia seguiría de lejos.

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