6 de enero de 2014

9. AÑO Y MEDIO MAS PARA EL REENCUENTRO

Ya estaba desesperada. No solo me hacía falta ver así fuera unos minutos al primo que me traía loca; necesitaba saber de él, de cómo transcurría su vida. Además me hacían falta compartir con mis otros primos y primas...visitar Bogotá. Con o sin Kbto era un plan perfecto en vacaciones.

Hablé con mis tíos y encontré que habían dos excusas perfectas para ir en Agosto de 1989: el aniversario de la muerte de la abuelita y conocer a mi primito Diego, quien había llegado hace algunos meses a la familia.

Fue un viaje largo. Más de doce horas en bus, esta vez. Todas soñando con cómo sería el momento en que lo volvería a ver; cómo? cuándo? cuánto tiempo? Tenía además que disimular, porque nadie sabía nada de lo que me estaba pasando.

Ya sin la abuela, era mas lógico llegar donde mis tíos. El lugar donde siempre me sentí mas cómoda era junto a mis primas Adriana, Catalina. Ya entrada la noche no aguanté más. Como si no fuese lo más importante de mi vida en ese momento, pregunté discretamente  por Kbto, al final de una lista larga de familiares de los que quería saber. Me enteré que estaba muy bien y que vivía una vida universitaria común. Muchos amigos, trabajos, rumba, novia, entre otras cosas. Mi corazón casi se rompe; pero sabía que era lo que debía suceder, lo que yo había propiciado. Me alegré por él.

Se organizó un almuerzo en su casa por parte de mi tía; era el momento de volverlo a ver. Un almuerzo familiar donde nadie  sabría que me iba a estar muriendo por quedarme a solas con él, pedirle nuevamente perdón y recuperarlo. 

Al llegar a su casa lo vi, diferente, mayor, lejano. El también estaba nervioso. No cruzamos palabras de forma directa. Solo pedía a Dios que él se diera cuenta con mi mirada que quería abrazarlo, besarlo y reconstruir lo que dejé perder una y otra vez. Noté que se preocupaba por verse más tranquilo  y cómodo de lo que seguramente estaba.

Nos volvimos a ver en la misa de aniversario. Buscó hacerse junto a mi, pero el lugar no era propicio para hablar. En vez de palabras se nos escaparon algunas risas nerviosas. Suficientes para que yo presintiera que todavía había algo para mi.  Risas que me dieron al menos esperanza. 

Tal vez nos vimos un par de veces mas. Inventé pretextos para llamar a su casa y escucharle la voz. El se encargaba de darme a conocer que vivía una vida social bastante agitada. Me lo merecía. 

Decidí recuperarlo. Yo ya iba a iniciar mi último año de colegio y existía la posibilidad de estudiar la Universidad en Bogotá, según la nueva disposición de mi papá. Se habría una esperanza pero ...tendría que esperar hasta las próximas vacaciones de fin de año.

Regresé a a Cali  satisfecha de haberlo visto; con ganas de disfrutar igualmente mi vida; pero también lista para regresar por él.  Al menos un beso me iba a dejar tranquila en navidad.

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